Ficha Técnica

Las funciones de los bandos militares.

Las tareas iniciales de destrucción de la institucionalidad democrática, represión a los partidarios del gobierno derrocado, "normalización" del funcionamiento económico y consolidación del liderazgo político militar de Pinochet, requerían necesariamente de una ideología y de una institucionalidad que sirviera como legitimación y guía para los militares y los grupos civiles en torno a la Junta y como mecanismo de información a la sociedad ocupada.

Son, sobre todo, los bandos militares los que asegurarán esta triple función, ideológico-programática, normativo-institucional e informativo-propagandística, en los primeros meses de la dictadura militar. Después, ellas serán cumplidas, diversificadamente, por la Declaración de Principios, el papel y comisiones legislativas de la junta, las Actas Constitucionales y Constitución de 1980, la Dirección Nacional de Comunicación, etc.

Los bandos que se incluyen en esta edición y que, salvo excepciones de fecha y algunos de los jefes de Zona, corresponden a los emitidos por la junta Militar entre el 11 de septiembre y el 21 de septiembre de 1973, no son en sí mismos, con la excepción que se analizará, declaraciones poíítico-ideológicas o programáticas, sino que incluyen estos aspectos junto a otros. Como veremos, estos otros son de muy variado tipo y tratan de reglas de comportamiento generales o específicas (toque de queda, posesión de armas, prohibición de manifestaciones, etc), de denuncias de subversión, invocación de apoyo de determinados sectores y amenazas de represión a otros, exaltaciones patrióticas, requerimientos de presentación de personas vinculadas a la Unidad Popular, información de actividades de la Junta y de situaciones represivas (ataque a La Moneda, cierre del Congreso). La dimensión ideológico-política de búsqueda de legitimación, aparece sólo parcialmente en forma explícita en ciertas frases entremezcladas con diversas órdenes e instrucciones, o en forma implícita a través ;de la mayor parte de los bandos. Ello con la excepción del bando N5 del mismo 11 de septiembre, cuya finalidad es explicar y justificar el derrocamiento del Presidente y el fin del régimen constitucional.

En efecto, el bando N5 constituye una extensión del Decreto ley N°l, Acta de Constitución de la junta de Gobierno, que con fecha 11 de septiembre, en tres considerandos justificaba el derrocamiento del Presidente e instalaba la junta de Gobierno en su reemplazo. En esos considerandos se afirmaba el papel de la Fuerza Pública como la organización que el Estado se ha dado para el resguardo y defensa de su integridad física y moral y de su identidad histórico-cultural", cuya misión es "asegurar por sobre toda otra consideración, la supervivencia de dichas realidades y valores, que son los superiores y permanentes de la nacionalidad chilena". El último considerando señalaba que "...Chile se encuentra en un proceso de destrucción sistemática e integral de estos elementos constitutivos de su ser por efecto de la intromisión de una ideología dogmática y excluyente, inspirada en los principios foráneos del marxismo-leninismo". En la parte resolutiva se constituía la Junta de Gobierno y se fijaban sus funciones, como veremos más adelante.

Por su parte, el bando No 5 amplía la explicación del golpe, aludiendo a la ilegitimidad del gobierno de Allende al "quebrantar los derechos fundamentales de libertad de expresión..." y otros, a la quiebra por parte del mismo gobierno de la "unidad nacional" al fomentar la lucha de clases y llevar a ... una lucha fratricida y ciega...", a su " ... incapacidad de mantener la convivencia... a su marginación de la Constitución, al condicionamiento de la autoridad del Presidente a las decisiones partidarias, al estancamiento de la economía, a la "anarquía..., y desquiciamiento moral y económico". Todo lo cual permite "concluir que están en peligro la seguridad interna y externa del país, que se arriesga la subsistencia de nuestro Estado independiente y que la mantención del gobierno es inconveniente para los altos intereses de la República y de su Pueblo Soberano".

Estos antecedentes son los que justifican, entonces, "nuestra intervención para deponer al gobierno ilegítimo, inmoral y no representativo del sentir nacional

...", por lo que "..las Fuerzas Armadas han asumido el deber moral que la Patria les impone de destituir al gobierno que, aunque inicialmente legítimo ha caído en la ilegitimidad flagrante, asumiendo el poder por el solo lapso en que las circunstancias lo exijan, apoyado en la evidencia del sentir de la gran mayoría nacional Es en virtud de ello que las normas que se dicten en cumplimiento de esta misión son legítimas y obligatorias para todos, según los dos últimos artículos del bando.

Tres son los elementos fundamentales, que se repetirán parcial y fragmentadamente en otros bandos, y que constituyen el núcleo de esta ideología de emergencia destinada a justificar y dar sentido a una, acción, ante sí mismos y ante los seguidores.

En primer lugar, la autoatribución por parte de las Fuerzas Armadas de una misión y tarea por encima del Estado que queda sometida a sus propias determinaciones.

En segundo lugar, la definición de una crisis social y política que amenaza la sobrevivencia misma del Estado y la nacionalidad, de la que hay un responsable único que es el gobierno depuesto y su ideología foránea, lo que permite asimilar la situación a una guerra contra un enemigo interno, ligado a uno externo. Este es el eje de la ideología de seguridad nacional que se desarrollará en las etapas siguientes al golpe. Aquí se repite y sistematiza el discurso común de la oposición más radical al gobierno de Allende, con lo que se niega que los militares estuvieran por encima de los fraccionamientos políticos: las Fuerzas Armadas se transforman en portavoces de una determinada opción política y llevan a la máxima exacerbación la polarización política que decían superar.

En tercer lugar, la legitimación de toda acción de la junta Militar en nombre de la misión auto-otorgada mientras no se restaure la institucionalidad quebrantada, lo que es el único límite de su permanencia en el poder y para lo cual no se fija plazo.

La dimensión ideológica implícita que puede encontrarse en el conjunto de los bandos militares del período tiene, a su vez, dos componentes. Por un lado, la definición de una situación de guerra contra enemigos internos, lo que ayudará en la dimensión de generar una institucionalidad en la que el país es un territorio ocupado o, simplemente, un cuartel o un regimiento, que se gobiernan por mecanismos militares, tanto materiales como simbólicos y comunicativos. Por otro lado, la ampliación de la crisis y de la situación de amenaza a todos los aspectos de la vida social, lo que permitirá legitimar acciones en todos esos campos y extender indefinidamente el tiempo de emergencia, guerra o crisis, es decir, la conversión de un gobierno militar en un régimen dictatorial. A ello nos referiremos en la última sección.

La enorme debilidad ideológica de los bandos se explica porque ésta es una etapa de la dictadura donde ella no debe buscar su sentido más allá de su Propia existencia y de la facticidad del golpe: no necesita explicar nada.

Una segunda función que cumplen los bandos militares es la de proveer una institucionalidad ante el vacío generado al hacer estallar el régimen constitucional, lo que hemos llamado la dimensión normativo-institucional. Los aspectos propiamente jurídicos serán examinados más adelante.

Digamos, por el momento que los bandos actúan a la vez como Constitución, como ley, como norma, de conducta, sin que deban someterse a procedimientos largos de tramitación y consulta. Son la expresión de la voluntad inmediata del poder y se pueden aplicar en tanto éste lo disponga. Hay aquí una relación de forma y fondo: se define una situación, se dice qué hay que hacer, pero sobre todo se dice que hay alguien que tendrá la atribución de juzgar y evaluar esa conducta. junto a la materialidad de la orden y la norma, está el símbolo de la sociedad como cuartel o en estado de guerra, donde al que manda todo le está permitido.

Pero la función normativa de los bandos no se agota en esta generación de una institucionalidad del golpe y de los actos de la Junta Militar, sin e abarca las conductas de la vida cotidiana, tanto para castigar y reprimir, como para premiar y fanatizar, No otra función cumplen las invocaciones a los trabajadores y a los jóvenes, pero también los llamados y agradecimientos por la delación de los opositores a la dictadura, por se&endash;alar s&emdash;lo algunos ejemplos.

La tercera función de los bandos es de tipo propagandístico-informativo. En efecto, no s&emdash;lo hay que intentar darse y dar un mínimo sentido o llenar un enorme vacío institucional. También hay que estar renovando el llamado a los partidarios, interpretando situaciones, informando a la gente, advirtiendo y amenazando. El bando es el instrumento de comunicación de la Junta hacia los militares, hacia sus seguidores, hacia sus enemigos y hacia la sociedad en general. De ahí la variedad de los aspectos tocados, la mezcla de lenguajes que se quieren objetivos con la diatriba y la amenaza, la reiteración de mensajes, el tono autoritario, también el caracter inculto y sin cuidar el estilo, propio de quien está s&emdash;lo preocupado del éxito de una operación militar y desconoce los otros aspectos de la vida humana.

En este sentido, hay que se&endash;alar dos dimensiones de esta función. Por un lado, el conjunto de los bandos apunta a crear un clima emocional psico-social que haga más vulnerable y manipulable a la población. Por el otro lado, la función informativa es siempre propagandística, es decir, no pretende dar cuenta de una realidad sino interpretarla. Por eso los bandos entregan ciertas informaciones, pero ocultan otras, ya sea tergiversándolas, ya sea negándolas.

Examinemos ahora más en detalle la naturaleza de los bandos y sus contenidos en los primeros meses de la dictadura militar.